viernes, 26 de diciembre de 2014

Primero lo ves y luego lo quieres hacer

Antes que nada quiero subrayar que la imagen que acompaña a este texto ha sido cogida de una web. Espero que su autor y los protagonistas que ella salen, me disculpen.
No creo que lean esta entrada pero si lo hicieran seguro que entenderían porque he fusilado su imagen.
El pasado verano coincidí con una pareja en un conocido local de intercambios de Madrid. Antes de entrar a las zonas reservadas estuvimos charlando con una copa en la mano sobre gustos, aficiones swingers.
Se trataba de una pareja sobre los 50 años, muy elegantes, con estilo y con un alto nivel cultural que pude comprobar cuando empezamos a hablar.
Me estuvieron contando que el verano anterior habían estado en la República Dominicana, en unos resorts en los que la mayoría del servicio eran chicos jóvenes de color. En las noches era habitual alguna cena al aire libre con espectáculo, os podéis imaginar, el ron, los cócteles. Mi amigo una de las noches no controló y se agarró un tablón del 17. Sabía que con aquel pedal sería incapaz de tener sexo pero era consciente que a su mujer le podía satisfacer una aventura con alguno de los chavales del servicio. Sin pensarlo mucho, se dirigió a uno de ellos y se lo soltó. Me confesó que de haber estado sobrio se lo hubiera pensado mejor. El chico, un negrazo grande y bien plantado se río y sólo puso una condición, bueno dos: una buena propina y que un amigo suyo entrase en juego.
Así fue, una par de horas después, mi amigo y su mujer esperaban en su bungalow y los dos chicos se presentaron. Mi amigo además de la propina les dio algunas recomendaciones y pronto empezó la fiesta. Según me comentó esta pareja, a ella le dieron pero bien y mi amigo estuvo de testigo. No fue lo que más le impresionó ver a su mujer en plena faena con los dos chicos negros si no como durante el superpolvo, los dos se regalaron con mutuas mamadas en las que ella tuvo también un papel especial.
Desde entonces, estos amigos, no desperdician la ocasión de bajar al pilón y degustar a medias un buen rabazo.


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