martes, 18 de noviembre de 2014

Quién sabe comerse un coño, sabe disfrutar de un buen rabazo

Hace unas semanas quedé con una pareja. Les conocí en una local de intercambios. Aunque en un principio sólo fue una relación de sexo entre los tres, con el tiempo se fue creando una amistad cómplice.
En una ocasión, preparando una fiesta swinger en su casa, mi amigo, a espaldas de su esposa me confesó que siempre había tenido la fantasía de comerse un rabo pero que temía que su mujer no lo entendiera. Me confirmó que aunque le costó mucho dar el paso, al final su mujer fue comprensiva y no le puso ningún reparo. Esto les abrió a otras formas de entender el sexo en su pareja.
Le pregunté que cuántos rabos se había chupado a medias desde que dieron el paso. No supo decirme pero sí me habló que seguramente más de cien cipotes habrían caído a medias.
Uno de esos cien es el mío.

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